Blanca Sainz, una vecina de nuestro departamento, dialogó con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael, y se refirió a una problemática actual como es la situación que atraviesan los geriátricos, tras haber conocido gente que ha desarrollado labores en esos lugares, por lo que cuenta con información de primera mano, en la cual existe una falta de controles estatales de la municipalidad, la provincia y la nación.
Los geriátricos son muchas veces, espacios que se tienen en mente como “complicados”, pero más allá de lo que puede ser el “vox pópuli”, hay quienes los conocen más de cerca, como es el caso de Sainz, quien conoce ex trabajadores de esos lugares o los ve con frecuencia al caminar por las calles. “Una persona que trabajó en geriátricos y que después trabajó conmigo, me dijo que se había salido porque no podía vivir, no podía ver lo que le hacían a la gente en los geriátricos. Aparte del tema emocional, de que los hijos van, pagan y ni siquiera entran a verlos, el tema es que la Municipalidad no controla los geriátricos que hay en San Rafael, estoy segura de que la mayoría son clandestinos”, denunció y añadió: “Yo quisiera saber cuántos están inscriptos en la Municipalidad, habilitados, cuántos la Municipalidad inspecciona (porque no es solamente habilitarlos), ya que cuando los habilitan quizás están muy bonitos pero después en un garaje ponen cuatro camas. Son como cárceles”.
Por otra parte, surge la alimentación como tema, motivo por el cual –considera la vecina– “debería actuar bromatología”. Al respecto la mujer aseguró que “les dan de comer lo más barato que hay”. “No vamos a generalizar, pero hay de los que seguro son clandestinos. Son casas de las de antes, con tres dormitorios y un baño (no es para que vivan diez personas), y además es gente mayor, que tiene problemas de todo tipo”, lamentó Blanca Sainz.
En comparación, resaltó que “la Municipalidad a los boliches todas las noches van a ver si hay alguien de más, si hay un menor, y está bien, está perfecto, pero hay una diferencia: al boliche el chico va porque quiere, se va cuando quiere y no vuelve más; en cambio esta gente está cautiva, le guste o no, le den de comer o no le den de comer, que los tengan dopados o no, y es más: tienen horario de visita (lo que sorprende muchísimo, porque vaya a saber qué hacen en el horario en que no están las visitas)”.
Sainz en definitiva, subrayó que debería ser más constante la cantidad de controles y no solamente por parte del Estado, sino también de las familias que deberían estar más atentas a lo que ocurre, ir con más frecuencia y con más cuidado.







