“El Gatopardo”, la novela escrita por el príncipe siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa y llevada al cine por Luchino Visconti en 1963 ha pasado a la historia como un relato de la pugna entre lo moral y lo amoral, entre el bien y la decadencia espiritual. Por eso hoy, en los ámbitos de análisis, decimos de un político que es lampedusiano cuando finge introducir grandes cambios para, en el fondo, mantener su statu quo.
La novela tiene una frase que sintetiza a la perfección el oportunismo político: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi” (Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie). Esta frase se basa en la cita de Alphonse Karr “plus ça change, plus c’est la même chose” (“cuanto más cambie, es más de lo mismo”), publicada en enero de 1849 en la revista Les Guêpes (“Las Avispas”). Desde entonces, en ciencia política se suele llamar “gatopardista” o “lampedusiano” al político que inicia una presunta transformación política revolucionaria pero que, en la práctica, solo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras. Así, la novela muestra cómo la aristocracia absolutista del Reino de las Dos Sicilias es expulsada del poder político para instaurar la monarquía parlamentaria y liberal del Reino de Italia, pero ello no implica transformar las estructuras de poder. La burguesía leal a la Casa de Saboya simplemente sustituye a los aristócratas como nueva élite que acapara para sí todo el poder político.
¿Cómo no ver una analogía con otras épocas o con la actualidad? Aun así, conviene recordar que, en su historia, Giuseppe Tomasi di Lampedusa también encontró un bálsamo. Lo hizo en la capacidad de resistencia del pueblo siciliano, a pesar de su pobreza y de sus gobernantes, y en su voluntad de querer seguir siendo. Como dice el príncipe: “Su orgullo es más fuerte que su miseria”.
Esto no significa que los cambios no dejen víctimas. Y he allí lo más criticable de los –en tiempos de felinos en el poder- gatopardistas.





