En el año 2000, el filósofo lituano Emmanuel Levinas publicó “Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro”. En él, el autor investiga acerca de la racionalidad del psiquismo humano, de la intersubjetividad, de la relación de unos con otros, de la trascendencia del “para-otro” que instaura el “sujeto ético”, el “entre nosotros”.
Para Levinas, “no hay urgencia alguna en apelar a la ética para elaborar algún nuevo código en el que se inscribirían las estructuras y las reglas de buena conducta de las personas, del dominio público y de la paz entre las naciones, por muy fundamentales que puedan parecer los valores éticos implicados bajo esos títulos”.
Lo que el autor pretende es “intentar contemplar la ética en relación con la racionalidad del saber inmanente al ser, que es primordial para la tradición filosófica de Occidente, ya que la ética puede acceder a otro proyecto de inteligibilidad y a otra forma de amar la sabiduría”.
En una parte central de ese libro, el lituano desarrolla el concepto del sufrimiento inútil (título de un ensayo de la alemana Hannah Arendt) y la ineptitud ética de ciertos males aplicados masivamente. Textualmente sostiene: “La violencia no consiste tanto en herir y aniquilar como en interrumpir la continuidad de las personas, en hacerles desempeñar papeles en los que ya no se encuentran, en hacerles traicionar no solo sus compromisos, sino su propia sustancia; en la obligación de llevar a cabo actos que destruirán toda posibilidad de acto”.
Durante su primer año de gobierno, el mileísmo ha afirmado –y sus colaboradores lo sostienen casi de manera religiosa- que este es el momento “de sufrir” para que luego, eventualmente, llegue el bienestar.
Como decía Levinas, interrumpir la continuidad de las personas, llevarlas a un estado de incomodidad (económica, en este caso) insoportable, es demasiado peligroso y, además, nunca ha dado los resultados venturosos proclamados.




