En pleno centro de la ciudad, en la avenida Hipólito Yrigoyen al 80, se encuentra una de las sastrerías más icónicas de la ciudad. Agustín Campoo, su propietario, compartió con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 su perspectiva sobre la situación actual del sector de la indumentaria formal, que ha pasado por cambios significativos desde la pandemia, afectando no solo a la demanda, sino también a los precios y los hábitos de compra de los consumidores.
“Después de la pandemia vivimos algo que no habíamos experimentado antes”, comenzó explicando Campoo, refiriéndose al impacto inicial de las restricciones sanitarias y el cierre de comercios. “Al tener dos años sin poder festejar ni organizar eventos, como casamientos o fiestas, cuando la gente finalmente pudo, fue todo de golpe. Nadie estaba preparado para ese cambio tan abrupto. Nosotros intentábamos pedir mercadería, pero no había. Los proveedores no daban abasto porque todos querían abastecerse al mismo tiempo”.
Este escenario, que representó un desafío logístico para muchos comerciantes, también fue una oportunidad para recuperarse tras los meses de inactividad. Sin embargo, una vez pasado el auge inicial de ventas post-pandemia, Campoo observó una desaceleración en el mercado. “Luego vino un bache. Las ventas bajaron y la situación se estabilizó, pero no con el dinamismo que habíamos visto antes. A pesar de todo, desde hace un año las cosas han comenzado a moverse de nuevo. No es una venta brillante, pero al menos algo se va vendiendo cada día”.
El impacto de los proveedores y los cambios en las listas de precios fueron otro factor clave que afectó al negocio. Durante gran parte del 2022, la inestabilidad económica del país generó cambios constantes en los precios de la mercadería. “Hasta enero del año pasado fue bastante complicado”, afirmó Campoo. “Veíamos cómo las listas de precios cambiaban abruptamente, aunque en nuestro rubro no es tan frecuente como en otros sectores. La ropa tiene otro ritmo, pero igual notamos que los precios subían de manera notable”.
Afortunadamente, según el empresario, la situación ha comenzado a estabilizarse. “A partir de enero de este año, muchos proveedores han empezado a estabilizar sus listas. De hecho, algunos precios han bajado. Vemos que productos como medias y calzoncillos han reducido sus precios, y en lo que respecta a los trajes y prendas más formales, hubo cinco meses sin cambios en las listas. Nos avisaron que hasta noviembre no habrá más ajustes, lo cual es un signo de cierta estabilidad que es muy positiva para nosotros”, agregó.
A pesar de este panorama más alentador, Campoo no es del todo optimista. Reconoce que el sector sigue enfrentando dificultades, pero mantiene una visión esperanzadora. “No es para tirar cohetes, pero se nota una mejoría comparada con otros años. No sé si decirte que estamos contentos, pero estamos recuperando las ganas de seguir adelante. Yo soy joven, llevo nueve años en este negocio y, aunque las cosas no han sido fáciles, sigo con ganas de seguir creciendo”.
En cuanto a los hábitos de pago de los clientes, Campoo destaca un cambio notable en los últimos años. “El efectivo prácticamente ha desaparecido. Hoy en día, la mayoría de las ventas se realizan mediante tarjeta de crédito, debido a los altos montos de las prendas formales. La gente prefiere pagar en cuotas porque es más conveniente. Transferencias y billeteras virtuales también se usan mucho, pero lo que más vemos es el uso de la tarjeta”.
Con el mes de septiembre recién comenzado, Campoo ya está preparándose para la temporada alta de ventas, que coincide con los eventos de fin de año y los bailes de egresados. “Es la temporada fuerte de la sastrería. Ya tenemos todo el verano comprado y estamos esperando que llegue la mercadería. Siempre recibimos a nuestros clientes con las puertas abiertas y los atendemos de la mejor manera posible”, concluyó.







