Por segunda vez en menos de un mes, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) advirtió sobre las formas en que desde el gobierno nacional, y más puntualmente el propio presidente Milei, trata –destrata- a aquellos medios de comunicación y/o periodistas que tienen la osadía de no estar de acuerdo con sus políticas u opiniones.
En un comunicado, ADEPA afirmó que las “descalificaciones presidenciales injuriantes” a medios de comunicación y periodistas pueden generar un “clima de hostilidad e intimidación de la labor periodística”.
“Todo funcionario tiene derecho a disentir, desmentir, replicar y criticar una información u opinión publicadas. Incluso el funcionario puede sentirse agraviado y tiene derecho a defenderse. Pero debe hacerlo honrando su responsabilidad institucional”, sostuvo ADEPA, agragando que “Reemplazar esa actitud, aun firme y vehemente, por la argumentación descalificante, el ataque ad hominem, la injuria o la generalización estigmatizante de la profesión, genera un clima de hostilidad e intimidación de la labor periodística en sí”.
“Esto puede provocar efectos nocivos, como la autocensura y el acoso digital, que incluso podría traducirse en violencia de otro tipo”, remarcó ADEPA, en un documento que tituló: “Un debate libre y vibrante no necesita la descalificación”.
La relación entre el poder y la prensa, entendido el primero como una conjunción complementaria de la economía y la política, es tan vieja como viejos son sus protagonistas. Desde los inicios mismos de la prensa, en sus manifestaciones más primarias, se fueron conformando sus relaciones, casi siempre difíciles y contradictorias, con los círculos del poder.
La convivencia democrática en sí misma, es el antídoto que han encontrado las sociedades modernas para dejar atrás los códigos de venganza y violencia supeditándose al imperio de la ley. Y sin periodismo y libertad de expresión no hay democracia. El libre fluir de ideas es la base de una sociedad donde convivan en su diversidad e iguales ante la ley unos con otros. Sin que ser el otro signifique ser el enemigo.




