El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) publicó el índice de pobreza con datos del primer semestre y confirmó que el 40,1% de la población del país es pobre. El índice de indigencia, en tanto, trepó al 9,3% entre enero y junio de 2023 y afecta a 4,3 millones de personas.
Cada vez que la discusión pública vuelve a poner la lupa sobre el fenómeno de la pobreza se impone la necesidad de recordar que no se debe responsabilizar a las personas que viven en esa situación por lo que les pasa. En ese sentido, viene bien recordar la conclusión a la que llegó hace unos años la organización no gubernamental Franciscans International en un documento titulado «Derechos humanos para las personas que viven en la extrema pobreza: un manual para la aplicación de los principios rectores de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos» y donde se advierte que el problema de la pobreza existe no por un capricho de la naturaleza sino por la acción, u omisión, de quienes tienen en sus manos la posibilidad de torcer el rumbo de la historia o de dejar que todo siga igual.
La obra, además, sostiene que mientras la pobreza extrema se caracteriza por las violaciones múltiples e interrelacionadas de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, que a menudo crean un círculo vicioso de impotencia, estigmatización, discriminación, exclusión y privación material; en las situaciones de pobreza, en cambio, muchas personas pueden carecer de algunos bienes materiales pero al mismo tiempo formar parte de un tejido social que los contiene. De ahí la importancia de construir una sociedad en la que se respete la dignidad de cada persona y se distribuyan los recursos en forma equitativa.
Detrás de las cifras de pobreza actuales hay seres humanos con proyectos de vida que la mayoría de las veces quedan truncos ante la imposibilidad de contar con los recursos mínimos para salir de esa trampa. La sociedad debe tomar conciencia de la necesidad urgente de comenzar a revertir esa lamentable situación que afecta a cuatro de cada diez argentinos.




