El 52,9% de la población en Argentina está en situación de pobreza. Además, según el Indec, el 18,1% de los argentinos está en situación de indigencia. Dicho de otro modo, 24,8 millones de argentinos son pobres y 8,5 millones indigentes. Y lo que es peor, el 66,1% de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país vive en la pobreza.
Con esos datos sobre la mesa, cabe preguntar cuál es el nivel de vulnerabilidad que alcanzó nuestra sociedad en este difícil contexto y cuáles podrían ser las medidas más efectivas para reducir los padecimientos de quienes hoy no pueden satisfacer necesidades elementales como la alimentación, la salud y la educación. «Los tejidos sociales en nuestro país se encuentran en un franco proceso de fragmentación», advirtió hace varios años la psicóloga Silvia Bleichmar, autora del libro «Dolor país», donde aborda -entre otros temas- el impacto de la realidad económica del país sobre el psiquismo de los argentinos. Según Bleichmar existe una estrecha relación entre el incremento de la violencia y los procesos de individualización que obstruyen la identificación de lo común, y eso se agrava cuando además se agudiza la precariedad laboral y la desigualdad social.
La semana pasada, durante la celebración religiosa que se llevó a cabo por la 50° Peregrinación a Luján, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, criticó a aquellos que en lugar de proponer soluciones concretas para revertir el drama de la pobreza prefieren buscar culpas en otros. «Hay muchos mediocres que, frente al doloroso 52,9% de pobreza, se pusieron a buscar culpables», dijo y propuso sumar los esfuerzos de todos los sectores de la comunidad para que la precarización de las condiciones de vida no se extienda por todo el tejido social.
El momento que vive nuestra sociedad obliga a coordinar esfuerzos entre los distintos sectores para generar espacios que favorezcan la armonía social, con políticas públicas que promuevan la reparación del tejido social debilitado. Y no las que hoy dominan el escenario, que parecen ir en sentido completamente inverso.




